El matrimonio es ante todo y en esencia la unión entre un hombre y una mujer que se dan el “SI” el uno al otro para formalizar una alianza.

Es lo que llamaríamos un amor maduro, y no en años sino en lo que esto implica: amar con libertad, una verdadera libertad (que es dominado del espíritu sobre la materia). La libertad hace al hombre más persona, más creativo, más equilibrado, más dueño de sí mismo.

El amor debe llevar a una madurez que se logra por continuas conquistas hechas a base de esfuerzos y renuncias a sí mismo. Sólo en este plano se entiende el verdadero amor. El amor de los esposos: total, fiel y exclusivo.

El matrimonio es una relación que exige una gran madurez humana. Se tiene que sacrificar muchas cosas, ejercitar la fuerza de voluntad, enfrentar situaciones que quizás en el momento de unirse a otra persona ni se llegan a pensar y sólo son una realidad cuando se viven.

 La personas que buscan esa madurez y plenitud a través del matrimonio, se dan cuenta que al renunciar a tantas cosas de las que antes gozaban, han logrado otras que quizás jamás hubieran alcanzado, de no haber sido por encontrar y unirse libre y plenamente a esa otra persona: el cónyuge.

Toca a los recién casados o a las parejas próximas a contraer matrimonio, visualizarse más allá de lo bonito y lo tierno.

Deberán pensar en lo difícil que será el cambio, y en la recompensa que vendrá si saben responder con valentía. Desde luego no todo es duro, corresponde también valorar los momentos de ayuda mutua, comprensión, apoyo, pasión, que seguramente vivirán. El matrimonio es el acto más sublime de libertad, dado que implica la entrega total de un ser hacia otro, gratuitamente y sin condiciones ni limitaciones.